Análisis: Sonata para piano n.º 11 en La mayor, Marcha Turca de Mozart

Introducción

La difusión de la música militar turca en los circuitos musicales europeos condujo a su adaptación a los gustos locales y a una alteración de su forma original. Esto explica el «estilo turco», conocido principalmente a través de los compositores clásicos vieneses, que en realidad se basa en una serie de clichés. Durante la época de Mozart, estos clichés se manifestaban principalmente en el ritmo y la instrumentación.

El ritmo en el estilo turco se caracterizaba por los enérgicos compases de marcha (2/4), con un patrón rítmico destacado presente en casi todas las obras «turcas» de Mozart, como su ópera «El rapto en el serrallo» y su Quinto Concierto para violín.

En cuanto a la instrumentación, incluyó la adición de una sección «turca» a la orquesta estándar, compuesta por instrumentos como el bombo, los platillos y el triángulo. El bombo y los platillos eran típicos de las bandas jenízaras e integrados en la música occidental a través de este estilo. Otro instrumento característico del estilo turco, aunque no de las bandas jenízaras, es el flautín, utilizado para imitar el sonido penetrante de la zurna.

Uno de los instrumentos más distintivos de este estilo en Viena era el piano con «pedales jenízaros», un tipo de piano con efectos de percusión integrados a través de un sistema de pedales. Este instrumento híbrido fue claramente considerado por el compositor al crear su famoso rondó.

Alla Turca Mozart

Análisis de la Forma

El tercer movimiento de la Sonata para piano n.º 11 en La mayor, K. 331 de Mozart es un rondó en La menor que sigue un estilo turco conocido como «alla turca». Esta pieza musical representa el aspecto más despreocupado y placentero de la música vienesa de su época.

El rondó se organiza en torno a tres temas principales, etiquetados como A, B y C, además de una coda final. Los temas A y C se estructuran en forma de lied con repeticiones, cada uno distribuido en segmentos de 8 compases, resultando en una forma total de 48 compases para cada tema. La estructura completa del rondó se dispone de la siguiente manera:

A (48 compases) | B (16 compases) | C (48 compases) | B (16 compases) | A (48 compases) | B’ (16 compases) | Coda (30 compases).

El tema A, en La menor, modula brevemente a Do mayor en su sección intermedia y destaca por un intenso acorde de sexta aumentada.

Tema A (La menor) se compone de: ||: a (8 compases) SC :||: b III (4 compases) SC | I (4 compases) SC | a’ (8 compases) CP :|| (totalizando 48 compases).

El tema B, el más característicamente «turco» de los tres, presenta un período binario simple de 4 + 4 compases en La mayor. Cuando se reintroduce por tercera vez (B’), aparece con una textura ligeramente variada.

Tema B (La mayor) se conforma de: ||: c (4 compases) SC | c’ (4 compases) CP :|| (sumando 16 compases).

El tema C, en Fa# menor, incorpora una sección contrastante en el relativo mayor (La).

Tema C (Fa# menor) se desarrolla como: ||: d (8 compases) SC :||: e III (4 compases) SC | I (4 compases) CP | d’ (8 compases) CP :|| (totalizando 48 compases).

Después, se retoman los temas B y A, aunque en esta ocasión el tema A omite la repetición de su segunda sección.

Finalmente, el tema B reaparece con una textura más brillante y desemboca en una coda que mantiene la tonalidad y el ímpetu del tema B, estructurada en cinco bloques de 6 compases cada uno, con los primeros cuatro bloques alternando la fórmula semicadencial (I-VI-V) y el último bloque enfatizando una tónica simple (I) animada por el insistente ritmo turco.

Coda (La mayor) se estructura en: | x (6 compases) SC | x’ (6 compases) SC | x (6 compases) SC | x’ (6 compases) SC | y (6 compases) I | (sumando 30 compases).

Alla Turca Mozart Tercer Movimiento

Conclusión

En conclusión, el «estilo turco» en la música clásica, especialmente en las obras de Mozart, refleja una fascinante fusión cultural entre la música militar turca y la tradición musical europea. A través de la adopción y adaptación de elementos rítmicos e instrumentales de las bandas jenízaras, compositores como Mozart lograron enriquecer su propia paleta musical y explorar nuevas posibilidades sonoras. El resultado fue una música vibrante y distintiva que no solo capturó la imaginación de las audiencias de su tiempo, sino que también dejó una huella perdurable en la historia de la música occidental. Esta integración cultural demuestra la capacidad del arte para cruzar fronteras y amalgamar influencias diversas, creando expresiones nuevas y enriquecidas que trascienden sus orígenes.

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